mayo 19, 2020

Pensar la vida desde dos ruedas


Publicado en Cubadebate


La conocimos masiva e intensa a finales del siglo XX. Llego para paliar la transportación de los cubanos, penuria que, entre tantas, trajo el colapso socialista europeo. Miles de bicicletas chinas fueron distribuidas entre la población a través de centros de trabajo o estudio. Las avenidas casi desiertas se poblaron, poco a poco, de estos eficientes artefactos. Era común ver familias enteras en una sola bici. En sus parrillas se cargó lo inimaginable. Las poncheras, talleres y revendedores de piezas fueron negocios prósperos y rentables. Emergió así -casi a regañadientes- una cultura ciclista nacional, promovida al no haber otra solución (entiéndase motorizada) a la vista.
El clima desgastante, la falta de espacio en casa y las dificultades económicas hicieron de aquella década de los 90 la menos feliz y oportuna para valorar con justeza este medio de transporte y sus bondades. Duraderas y de mecánica simple, aquellas bicis no eran ni modernas ni ligeras, lo cual tampoco favoreció su aceptación más allá de las circunstancias. Quizás por todo eso se asocia su uso como una solución de tiempos de escasez: en pocas palabras, quedó su uso masivo como un mal recuerdo.
Aun así, hoy, en ciudades como Gerona, Bayamo o Cárdenas (donde le han erigido un monumento) es alto el número de ciclistas en las vías y existen, además, regulaciones y un mínimo de infraestructura para su circulación. En la capital, por otra parte, con las medidas de aislamiento por la COVID, algunos echaron mano a la bici guardada, compraron o adaptaron una; otros simplemente nunca la abandonaron.    
Más modernas que aquellas chinas de acero, circulan en nuestras calles una variopinta gama de bicis con más o menos comodidades, incluyendo las eléctricas. Sin embargo, escasean talleres y el mercado de piezas y repuestos es casi nulo; las ofertas en las tiendas no resultan económicas y se carece de una infraestructura vial adecuada para este tipo de vehículo. No obstante cada vez más personas la retoman sin prejuicios para ir al trabajo o para las salidas con amigos los fines de semana, incluso, aventurándose más allá de los límites de la ciudad.
Una estrategia inteligente a la luz de los tiempos que vivimos y por venir, sin caer en modismos o esperar a que arrecien las dificultades, sería potenciar el transporte público para grandes distancias y el uso de la bici en cercanías  ayudaría a descongestionar la situación actual en la capital.
Ahora que los niveles de contaminación descendieron con el confinamiento por la COVID-19, muchos países se proponen o implementan estrategias de movilidad sostenible, con la bicicleta como eje central. Francia habla de “urbanismo táctico” para adaptar la capital a las dos ruedas después del fin del confinamiento, España pide desarrollar una Ley de Movilidad Sostenible, Portugal aspira a llegar a  200 km de ciclo vías en Lisboa al final de año, mientras que en Bélgica, con una larga cultura ciclista, su uso no sufrió restricción alguna en medio de la cuarentena.
La bicicleta es sobre todo un estilo de vida, que valdría la pena estimular y cultivar.
 Las motos y bicis eléctricas, aunque con más confort, no provén el beneficio físico del pedaleo tradicional. Foto Reno Massola

 La cultura del motor sigue siendo fuerte en el imaginario popular

 De mecánica simple y pesadas, las viejas bicis chinas de los 90 aun resuelven

 La bici es apta para todas las edades. El límite es uno mismo


 En un entorno dominado por los autos, la seguridad del ciclista es un freno a la hora de decidirse usarla
 La implementación de ciclo carriles fomentaría la confianza en este medio de transporte

 En términos de movilidad urbana y descongestión del transporte público, la bicicleta, tradicional o eléctrica, tiene un gran potencial

  En un pedestal en Cárdenas por sus inestimables servicios

noviembre 29, 2017

Electricidad sobre ruedas


Esta semana comenzaron en La Habana las pruebas de terreno de un ómnibus Yutong totalmente eléctrico. Destinado al transporte urbano, el vehículo cubre actualmente la ruta 18 cuyo recorrido va desde la terminal Palatino hasta la Avenida del puerto.
La guagua, como se le conoce popularmente en Cuba y algunos países del caribe a los ómnibus de transporte público, tiene una autonomía de unos 300 km según el fabricante. Este equipo está dotado de cristales oscuros que atenúan la acción de la luz solar. Además el aire acondicionado y los asientos ligeramente acolchados le confieren un gran confort para el pasajero.
Daniel Ríos Santos fue el conductor escogido por su profesionalidad demostrada en más de 20 años como chofer de la terminal. Daniel destaca las bondades de la nueva tecnología que humanizan su trabajo detrás del volante.
Cámaras y sensores en la puerta trasera para controlar el flujo de pasajeros y evitar lastimaduras por el cierre de las puertas. Asiento “inteligente” que se ajusta digitalmente a las características del conductor y que puede guardar hasta 5 configuraciones. La suavidad en los controles es otro de los aspectos que refiere pues no existe mecanismo de embrague y una espaciosa cabina de conducción remata la comodidad de su puesto de trabajo.
El cuidado por parte de la población de este y los demás vehículos que nos transportan a diario, será de vital importancia dado también por sus características especiales. Si bien muchas veces se reclama que no se repleten los ómnibus actuales, aún insuficientes, no es menos cierto insistimos en subir en los momentos picos contribuyendo a su pronto deterioro.
La llegada de esta tecnología a nuestro país se inserta en los esfuerzos por diversificar la matriz energética que actualmente se basa mayoritariamente en la quema de hidrocarburos. Aunque la carga de las baterías del vehículo se realiza desde una estación acoplada al sistema eléctrico cabe esperar el desarrollo en un futuro cercano de un centro de carga alimentado por paneles solares, lo cual lo convertiría en un ómnibus totalmente ecológico.