marzo 01, 2010

Frank Fernández: Con el alma al limite


Yimel Díaz Malmierca

Las obras humanas, cuando nos llegan desde ese espacio que la inmortalidad reserva al arte, multiplican su significado tantas veces como "receptores" tenga. Es por eso que Federico Chopin (1810-1849) es siempre diferente, su genialidad le ha permitido sortear el tiempo y presentársenos, cada vez, renovado, diverso, lírico. Así estuvo este sábado en el Teatro Amadeo Roldán.Otra no podía ser la propuesta con que iniciar en Cuba la celebración de lo que internacionalmente se ha llamado Año Chopin y que tendrá matices diferentes en cada país pero intenciones comunes: honrar a uno de los más grandes y virtuosos representantes del Romanticismo en la música, y uno de los mejores pianistas de todos los tiempos.Fue el Maestro Frank Fernández, en su rol de coprotagonista de la noche, quien condujo esa experiencia de llevarnos el alma hasta el límite mismo de lo que sensorialmente el cuerpo admite.Asediado por nueve rostros de un Chopin que bien conoce, el Maestro se regaló a sí mismo la certeza de una música bien pensada, ejecutada y sentida. Conocedor profundo del piano y de lo mucho que le sirve para expresar sus pasiones diversas, encontradas, extremas.; Frank no solo asumió la solicitud de comenzar el Año Chopin como un reconocimiento a sus aproximaciones anteriores al genio polaco, sino que aceptó el reto que parecía plantarle el colega desde la distancia.No podía ser este un concierto como los otros. Chopin, imprescindible para entender el Romanticismo del Siglo XIX, llegaba ahora como pretexto para esa cohabitación de estilos, manifestaciones artísticas y tendencias creativas que vivimos en los albores de la segunda década del siglo XXI.Música y artes plásticas son un dueto de larga data del que nunca se hablará lo suficiente, pero en esta ocasión el interés de Frank era, sencillamente, sumar pintores a su homenaje, y encontró en Roberto Chile -gran "descubridor" e "integrador" de talentos, además de creativo realizador audiovisual- el curador idóneo para Chopin en Cuba, exposición colectiva integrada por 9 artistas que llevaron sus emociones a trazos y enriquecieron así el espectáculo con una atmósfera diferente, quizás mística, desde un escenario donde la entrega de Frank parecía celosamente atendida por los rostros de un Chopin colorido, diverso, virtuoso, desafiante, experimental, renovador y eternamente joven.La luminiscencia cenital y frontal que habitualmente acompaña conciertos de este tipo, fue sustituida por las llamadas "luces inteligentes" diseñadas para la ocasión por Mijaíl Itnankin y que, acompañadas de las imágenes fraguadas por otro de los "expertos" de PMM, Joel Collazo y el diseño escenográfico de Roberto Vezes, magnificaron la idea de venerar a un artista cuya vida fue particularmente intensa y corta.




1 comentario:

Carina Felice dijo...

Impecables. Tu reseña y las fotografias. Pura belleza Reno.
Un enorme gusto encontrarme esta producción tuya.
Abrazos emocionados querido amigo.